sábado, 14 de junio de 2014

También es mi primera vez

Pocas veces uno logra recordar ciertos detalles del día a día. Pocas veces uno logra estar presente en un mundial, y que este pueda marcar la diferencia durante los próximos años.


Ayer no fue un viernes cualquiera. Al menos no en Salvador de Bahía. Desde muy temprano, los más de 30º anunciaban un partido con sabor a revancha. 

La tranquilidad de esta ciudad se vio prontamente interrumpida por el tránsito. Miles de personas preparaban la garganta en las afuera del Arena Fonte Nova, donde los pronósticos eran tan diversos como los atuendos.

Con el rostro pintado y mi entrada en la mano, mi corazón se agitaba cada vez más. Había que avanzar rápido pues faltaba muy poco para el inicio del partido.




Ubicado en lo que vendría ser la parte norte del Nacional de Lima, dos colores marcaban la diferencia. La roja de España que quería revalidar lo hecho hace cuatro años y metros y metros más allá, un mancha naranja que venía con sed de revancha.

Pitazo inicial. Un explosión de alegría terminó por estallar en las graderías. Lo demás, es historia conocida.

Pese a haber hinchado por España, no puedo negar la emoción que sentí al estar en un estadio como este. Sentirme parte de la historia de la que se hablará por mucho tiempo, y haber logrado unir dos de mis mejores pasiones: mi trabajo y el fútbol.




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